diumenge, 5 de febrer del 2017

¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, abolirla o transformarla?




Jokin Azpiazu analiza las contradicciones del popular discurso de las nuevas masculinidades: el excesivo protagonismo, la escasa vinculación a las teorías feministas, el heterocentrismo, el binarismo, o las resistencias a renunciar a los privilegios 


 
Jokin Azpiazu Carballo, sociólogo y activista de los movimientos sociales


Durante los últimos años, el estudio de la masculinidad (o las masculinidades) ha recibido gran atención tanto en el ámbito de la investigación como en otros ámbitos sociales, como por ejemplo el de los medios de comunicación. Al amparo de los estudios de género, en varias universidades se están realizando estudios sobre masculinidad, y las líneas de investigación sobre el tema se están fortaleciendo y afianzando. Al mismo tiempo se están impulsando diferentes iniciativas en el terreno de los movimientos sociales así como en el de la intervención institucional, siendo probablemente las más conocidas los denominados “grupos de hombres”.

La idea que subyace en la atención que la masculinidad está recibiendo en el terreno académico es la siguiente: el género es una construcción social (tal y como la teoría feminista ha argumentado ampliamente) que también nos afecta a los hombres. Por lo tanto, poner el “ser hombre” a debate e iniciar una tarea de deconstrucción es posible. Así, los estudios sobre la masculinidad nos animan a ampliar la mirada sobre el género, a mirar a los hombres. Esto tiene sus efectos positivos, ya que los hombres no nos situaríamos ya en la base de “lo universal” sino en el terreno de las normas de género y su contingencia histórica y social.

Las investigaciones tienden a centrarse en la identidad (qué significa ser hombre para el propio hombre) y no tanto en las relaciones de poder. Son cada vez más auto-referenciales, en vez de basarse en las aportaciones de las teorías feministas.

Sin embargo, de este planteamiento pueden emerger un gran número de dudas y contradicciones. El movimiento feminista ha conseguido en las últimas décadas redireccionar la mirada (científica, medíatica, social) hacia las mujeres. Este fenómeno se da además en un mar de contradicciones y contra-efectos al que los feminismos han tenido que responder a través de la crítica, la implementación y, al fin y al cabo, la transformación de esa misma “mirada”. Las ciencias sociales han observado a menudo a las mujeres como meros objetos sin capacidad de agencia y sin voz, y debido a ello ha sido necesario reivindicar que no sólo se trata de “mirar a” sino de “cómo” mirar. De cualquier forma, lo que ahora nos atañe es que en los últimos años esa mirada se dirige hacia los hombres. A menudo, sin embargo, no se pone suficiente énfasis en explicar que todo el periodo histórico anterior (y el actual en gran medida) se caracteriza precisamente por la negación de la existencia social de las mujeres. Es decir, que la mirada -social, académica, mediática- siempre ha estado dirigida a los hombres.

En el terreno social y asociativo, los “grupos de hombres” son probablemente las iniciativas más conocidas, pero no las únicas. Se han realizado en los últimos años varias acciones más que nos han tenido a los hombres como protagonistas. Muchas de ellas se han desarrollado en torno a la violencia machista: cadenas humanas, manifiestos, campañana publicitarias y foto-denuncias… Los hombres hemos anunciado en público nuestra intención de incidir en la lucha contra el sexismo y el machismo, y a menudo hemos recibido por ello abundante atención mediática, más que los grupos de mujeres que se dedican a lo mismo.

El punto de partida de estas iniciativas es la necesidad de que los hombres nos impliquemos contra el sexismo, lo que se ha enunciado de maneras bien diversas: se ha dicho que nuestra implicación es indispensable, que es nuestra obligación, que supone una ventaja para nosotros también, que sin nosotros el cambio es imposible… Cada forma de plantear el asunto implica matices bien diferentes. En cualquier caso, estaríamos hablando del uso y ocupación del espacio público (las calles, los medios, los discursos) y en ese terreno se ha visualizado de manera bastante clara que una palabra de hombre vale más que el enunciado completo de las mujeres, aunque ambas hablen de sexismo.

Durante los años 2011 y 2012, realicé una pequeña investigación respecto a estas cuestiones en el marco del máster de ‘Estudios feministas y de género’ de la Universidad del País Vasco. Mi objetivo era señalar algunas cuestiones que pueden resultar problemáticas sobre el trabajo con “masculinidades” tanto desde el punto de vista académico como movimentista. Traté de señalar algunos de los anclajes en los que se está amarrando la construcción discursiva en torno a las masculinidades hoy en día.

Al mismo tiempo que se reivindican diferentes maneras de vivir la masculinidad, se identifica con sujetos concretos: diagnosticados hombres al nacer, heterosexuales, involucrados en relaciones de pareja. Quienes no encajábamos en la norma, quedamos fuera.

En el terreno académico hubo especialmente dos cuestiones que llamaron mi atención. Por un lado me parece que a la hora de investigar sobre masculinidad hay una tendencia bastante general a centrarse en la identidad, en detrimento de los puntos de vista que priorizan el enfoque sobre el poder o la hegemonía. Se estudia mucho qué siginifica ser hombre para el propio hombre, y no tanto cómo incide en las relaciones entre personas que hemos sido asignadas en diferentes sexos. Por otro lado, tengo la impresión de que los estudios sobre esta cuestión se están conviritiendo cada vez más en auto-referenciales. Los estudios sobre masculinidades parten de presupuestos teóricos construidos en los propios estudios sobre masculinidades, y cada vez se nutren menos de reflexiones feministas.

Esto tiene consecuencias de impacto tanto en el enfoque (o mirada) que se utiliza para abordar el tema, así como en el contexto del que se parte. Por ejemplo, una cuestión difícil y problemática en la teoría y práctica feminista de las últimas décadas ha sido la del sujeto, la pregunta clave que intensos debates tratan de contestar: ¿quién es hoy en día el sujeto político del feminismo, ahora que precisamente las diferentes expresiones feministas han cuestionado la categoría mujer como única, partiendo de las diferentes experiencias y posiciones de las mujeres en lo social? El intento de articular la capacidad política y subjetiva de las mujeres en esta red o maraña de diferencias es una cuestión de vital importancia, y por lo tanto, muy complicada. Sin embargo, las implicaciones que la participación de los hombres en “el feminismo” podrían suponer no son un tema de debate principal en las teorías sobre masculinidad. Esto determina la dirección en la cual se desarrollan los debates, dejando de lado temas que para los feminismos son de crucial importancia.

Saltando al terreno de los movimientos sociales me dediqué al estudio de algunos escritos y documentos publicados (en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca) por grupos de hombres e iniciativas institucionales en torno a la masculinidad. En ese trabajo, incompleto aún, pude empezar a dibujar algunas claves que en mi opinión merece la pena poner sobre la mesa:
Para empezar, hablamos de masculinidad y aún nos referimos a un modelo muy concreto. Al mismo tiempo que se reivindica que existen diferentes maneras de vivir la masculinidad, se identifica el ejercicio de la misma con sujetos concretos: personas que han sido identificadas como hombres al nacer, heterosexuales, en la mayoría de los casos involucrados en relaciones de pareja. El resto, quienes hemos tenido algún problema que otro para encajar en el carril de la masculinidad “hegemónica” (hombres trans, homosexuales, afeminados…) quedamos fuera de esa categoría. Esto supone un doble riesgo: por un lado decir que no somos hombres (por mí bien, ojalá) pero por otro, pensar que por ser masculinidades “marginales” no ostentamos actitudes hegemónicas y poder.

En este sentido, la mayoría de propuestas vienen a cuestionar y modificar las relaciones que se dan entre hombres y mujeres, sobre todo en el terreno familiar y doméstico, dejando de lado (o prestando mucha menos atención) a otros espacios, sujetos y situaciones. Reivindicamos que los hombres nos tenemos que poner el delantal, pero no tenemos demasiadas propuestas para cómo (por ejemplo) rechazar los privilegios que ser hombres nos aporta en el mercado laboral.

En cambio, nos resulta más fácil denunciar las cargas y “daños colaterales” que el patriarcado nos ha impuesto. Señalamos los espacios que nos han sido negados por ser hombres y subrayamos la necesidad de conquistarlos, pero tenemos más dificultades para enfatizar el otro lado de la moneda, los espacios que el patriarcado nos ha dado, aquellos que tenemos que des-conquistar. No señalamos, además, que esta moneda no es casi nunca simétrica, que estos privilegios nos vienen muy bien para movernos en el mundo actual.

En este sentido, me parece muy importante identificar las motivaciones que nos llevan a implicarnos en las luchas por la igualdad. Estamos dispuestos a asumir algunos de los trabajos que históricamente han realizado las mujeres (los trabajos de cuidado son paradigmáticos en este caso). Decimos que el cuidado de nuestras criaturas (de aquellos que las tengan, claro) es fundamental, y más aún, señalamos las ventajas que esto nos traerá. Sin embargo, mencionar a las personas enfermas, o con autonomía reducida por cualquier motivo, nos cuesta bastante más. Decimos que con la igualdad ganaremos tod*s, pero si lo que el patriarcado supone es precisamente una red de poder de distribución desigual, no guste o no, alguien tendrá que perder con la igualdad. Y así deberá ser, si algunos sujetos se empoderan, otros tendremos que des-empoderarnos (si es que existe el concepto). Deberíamos dejar claro que esto no será una ventaja, no será bueno para todos, no será un regalo del cielo. Pero eso no quita que haya que hacerlo.

En las dos últimas décadas las teorías feministas han cuestionado el carácter binario del sexo. Nosotros parece que sentimos más apego del que pensábamos hacia la noción de masculinidad, seguramente porque sabemos que nos aporta privilegios.

Asimismo, identifiqué en al análisis de algunos textos ciertos discursos de presunción de inocencia; la necesidad de reivindicar, ante un supuesto exceso de radicalidad de los feminismos, que todos los hombres no somos iguales. Es evidente que todos los hombres no somos iguales ni ejercemos de la misma manera la masculinidad, pero sería interesante estudiar por qué nos sentimos culpables o atacados y por qué nos enfadan según que críticas o discursos. De alguna manera, se intuye la búsqueda de una nueva identidad personal y grupal, la de los hombres “alternativos”.

Unido a todo esto, el concepto “nuevas masculinidades” emerge con fuerza en los últimos años, en algunos casos con vocación descriptiva (en el terreno académico) y en otras como propuesta de modelo a construir (en los movimientos sociales). En ambos casos me parece necesario y pertinente problematizar el concepto.

En el primero de los casos, me parece excesivo afirmar la existencia de “nuevas masculinidades” de manera acrítica. Claro que la masculinidad está cambiando, pero ¿cuándo no? Y, ¿en qué sentido y en que contexto está cambiando? ¿No será la masculinidad de cierta clase social en cierto contexto la que está cambiando o al menos la que hace visible su cambio? ¿Son todos los cambios en la masculinidad “positivos” y “voluntarios”? Estos cambios y novedades que nos son visibles en lo identitario, ¿en qué medida y cómo afectan a las relaciones entre hombres y mujeres en el terreno material (reparto de recursos y poderes de todo tipo)? Diría que es posible trazar formas distintas en las que hombres y mujeres han vivido la masculinidad a lo largo de la historia, pero sólo en este momento preciso hablamos de “nuevas masculinidades”, precisamente cuando es el grupo “hegemónico” el que está dando pasos hacia la transformación consciente del modelo masculino (transformación, que dicho sea de paso, valoro positivamente). No quisiera por tanto cuestionar la capacidad para vivir la masculinidad de formas distintas señalada en el término “nuevas masculinidades”. Es su inflación discursiva lo que me preocupa.

En el terreno social, reivindicar la búsqueda de “nuevas masculinidades” (que, a menudo, como he expuesto anteriormente, se limita de antemano a ciertos sujetos) puede tener además de su lado positivo un lado problemático. En las dos últimas décadas las teorías feministas han cuestionado el carácter binario del sexo. A pesar de las diferentes opiniones en el seno de los movimentos, diría que los debates han sido ricos y productivos. Sin embargo, nosotros todavía ni nos hemos planteado en la mayoría de los casos qué hacer con la masculinidad: ¿reformarla? ¿transformarla? ¿abolirla?.

Parece que sentimos más apego del que pensábamos hacia la masculinidad, seguramente porque de manera consciente e inconsciente sabemos que los privilegios que nos aporta no están nada mal. Pero aún cuando hacemos un intento de cuestionar los privilegios no somos capaces de retratar nuestras vidas y utopías más allá de la masculinidad (sea “nueva” o no). Sin obviar que la deconstrucción de la feminidad y la masculinidad conlleva consecuencias diferentes a muchos niveles, deberíamos intentar atender al debate sobre si queremos ser otros hombres, hombres distintos o simplemente menos hombres.

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Cine de mujeres en el Human Fest, festival de derechos humanos


El Festival de cine y derechos humanos Human Fest, cuenta este año con una sección de DONA I CINEMA, del 18 al 19 de febrero 2017 en el Muvim podréis disfrutar de una excelente selección de películas. No os la perdáis¡¡¡


Sábado 18 de febrero a las 20.00h: Mujeres al frente, la ley de la más fuerte, Lula Gómez, 2016, 48' con la presencia de la directora.

Sinopsis: El documental trata sobre siete mujeres colombianas que hartas de la guerra deciden plantarse ante ella sin armas.

Domingo 18 a las 20:00 Horas: Cortometrajes de  Dona i Cinema. Con la presencia de la directora Emanuela Zuccalà. Podremos ver:

Uncut (La guerra de las mujeres contra las mutilaciones genitales femeninas), Emanuela Zuccalà i Simona Ghizzoni, 2015, 20’.

Sinopsis: Documental sobre la coalición de las mujeres en 3 países africanos Somaliland, Kenya y Etiopia – para poner fin a la ablación.

La ley de la sangre, Emanuela Zuccalà, 2016, 13’.

Sinopsis: Por años ha sido la única mujer víctima de una venganza de sangre.


Solo per farti sapere che sono viva (Solo para que sepas que estoy viva), Emanuela Zuccalà i Simona Ghizzoni. 2014.

Sinopsis: Recopilación de testimonios de mujeres saharauis


Para ver toda la programación del fetival, la podéis consultar en: http://www.festivalinternacionalcineyderechoshumanos.com/





dimarts, 31 de gener del 2017

¿’La Vie en rose’… y en azul?


Editado en Pikara Magacine 06/12/2016
 
El proyecto ‘Un cuento propio’, de Pandora Mirabilia, aporta historias y canciones dirigidas a peques, comunidad educativa y familias, para dinamitar los estereotipos de género que impone el mundo adulto a niñas y a niños.

Un niño en tutú./ Marta Monasterio

Un niño en tutú./ Marta Monasterio
Mateo, 5 años. En cuestión de dos semanas ha decidido que ya no va a ponerse una camiseta morada con un corazón de lentejuelas (su camiseta favorita junto a otra de Spiderman) porque “dicen unas niñas de sexto que los corazones son de chica”. Que ya no le gusta Sky (su personaje favorito de Patrulla Canina -es chica, color chicle de fresa y puede volar) porque “es rosa”. Que ya no va a llevar al cole sus botas de agua fucsias de flores, porque su amiguita de clase pregona que “con flores pareces una niña”.

Es normal, dirán muchas, el niño quiere encajar y muestra una gran capacidad de adaptación a su entorno, que está dividido en niñas y niños, en rosa y azul. Matizo. Es un universo que desde el mundo adulto les imponemos en rosa o azul. No es una cuestión sólo de colores, sino de todas las habilidades, capacidades, características y roles asociados a esos dos colores. Dibujitos, películas, juguetes, ropa, expresiones hechas, deportes, merchandising… ¡Hasta los cepillos de dientes o los Huevos Kinder están sexuados! Pero sólo dos sexos, dos, y muy delimitados, no vayamos a confundirles.

Miro a Mateo y pienso: a la fuerza ahorcan. La socialización de género en estado puro, para que no te desvíes ni un poquito. ¿O es que alguien todavía cree que si un niño elige un bañador de Spiderman y no de Hello Kitty es porque la carga genética que supuestamente dicta su entrepierna le hace tener un gusto más propenso a la acción y los colores fuertes que al mundo cursi y fantasía de los lacitos y corazones? Que se lo pregunten a Mateo, que según con quién vayamos a la playa, cada día elige un atuendo u otro. Consuela, al menos, que le gusten los dos modelitos.

Vera, 7 años. Hoy no ha podido jugar en el patio “porque las niñas no pueden jugar a exploradores”. Su amiga Carlota, un rato después: “¿Por qué todas las cosas importantes las han hecho los hombres?” Acabáramos. ¡Hasta aquí hemos llegado! Que el mundo es hostil, ya lo sabemos. Que el sexismo sigue haciendo sangre y llega a los rincones que creíamos liberados, también. Pues hagamos algo.

En estas estábamos cuando, desde Pandora Mirabilia, nos lanzamos en la aventura de crear Un cuento propio, un disco de relatos y música infantiles que rescatan la vida de mujeres que nuestra cultura se ha encargado de invisibilizar. Cantantes, biólogas, fotógrafas, cineastas, poetas, activistas, matemáticas, cuidadoras… Y así hasta catorce, porque hemos sacado ya dos discos que han tenido una increíble acogida entre peques, familias, profesorado y comunidad educativa.

Ahora estamos enfrascadas en un nuevo volumen, Un cuento propio 3. Con nuevas historias, nuevas canciones y el mismo objetivo: contar relatos entretenidos, divertidos, apasionantes, misteriosos, de aventuras… Y a la vez, ampliar referentes femeninos y masculinos, ofrecer personajes deseables, no estereotipados, no normativos. No nos interesan las princesas ni los superhéroes, tampoco heroínas o superwomen. Mostramos personajes cotidianos que sienten, disfrutan y padecen, que tejen su vida en relación. Referentes, al fin y al cabo, en los que poder proyectarse e imaginar mundos en los que la censura no existe, tampoco la autocensura.

Trabajamos con la certeza de que, si bien no podemos proteger a niñas y niños de una socialización de género binaria y agresiva, sí podemos darles herramientas para cuestionarla y podemos, sobre todo, abrirles a mundos para que se proyecten como personas libres. Hoy Mateo se va a la cama con un pijama heredado de su vecina Carolina. Es de rayitas, rosa, muy, muy, muy rosa. En la intimidad, el rosa, las flores, corazones y tutús siguen teniendo un hueco. Y eso no es poco.
Para poder sacar adelante este proyecto hemos puesto en marcha una campaña de microfinanciación en la plataforma Goteo.
Como aperitivo, dejamos la las historias y canciones de la primera edición de ‘Un cuento propio’, de libre acceso. Pasen, escuchen, sueñen y bailen.
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dilluns, 30 de gener del 2017

Exprésate por la igualdad

¿Qué puedo hacer para alcanzar la igualdad real?

Desde el IES Jordi os proponemos participar en las actividades que se están realizando en el centro en torno a la igualdad, cómo la que os mostramos en la siguiente imagen:




Pero qué e la igualdad de género?  La igualdad de género se define como “la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los
hombres, y las niñas y los niños”. La igualdad no significa que las mujeres y los hombres sean lo mismo, sino que los derechos, las responsabilidades y las oportunidades no dependen del sexo asignado al nacer. La igualdad de género supone que se tengan en cuenta los intereses, las necesidades y las prioridades tanto de las mujeres como de los hombres, reconociéndose la diversidad de los diferentes grupos de mujeres y de hombres.

Recuerda que todas y todos somos iguales en derechos y diversas y diversos como personas¡¡¡¡

dissabte, 28 de gener del 2017

El amor romántico perjudica seriamente tu salud





A adolescencia forma parte de nuestro proceso vital y es donde comienzan a darse vínculos amorosos entre las personas. Pero es importante recordar que no vivimos en una sociedad igualitaria, lo que hace que nuestras relaciones tampoco lo sean en la mayoría de los casos. 

Los mitos que existen en torno al amor, dificultan el establecimiento de vínculos sanos. El cine, la literatura no nos ayudan en esto. Nos muestran una imagen estereotipada de ellas y de ellos, ella es estudiosa, dulce, responsable, algo tímida, lo que podríamos considerar una “buena chica” y él es de mundo, misterioso, peligroso… un “chico duro”.

La saga Crepúsculo, o 50 sombras de Grey son un ejemplo de esto. Pero qué es lo que hay detrás de esto? Sencillamente es una forma más de como la socialización de género actúa, transmitiendo una serie de estereotipos y de mitos en el amor que lo que hacen es fomentar las relaciones tóxicas de dependencia o codependencia.
Estos mitos nos hablan de :
  • Creencias que son tomadas como verdades absolutas y que nos dicen cómo tenemos que actuar.
  • De un romanticismo que nos lleva a “necesitar” una pareja y ser correspondido o correspondida.
  • Estos mitos se consolidan a través de la familia, el cine, la publicidad,la música la literatura etc y hace que sean muy resistentes al cambio
Concretamente, el amor romántico se caracteriza por una entrega total hacia la pareja, se es capaz de dejar todo por amor , incluso hay que tener muestras de esa entrega, que muchas veces constituyen un peligro para los chicos y las chicas. Estas creencias y la cultura en la que nos movemos hacen que sea más fácil tener una relación de pareja tóxica, por eso es muy importare romper con estos mitos y aprender a vinculare desde el buen trato, el respeto al espacio personal y a la individualidad.

Frases que podemos escuchar habitualmente y que forman parte de esta mitificación son:

“El amor todo lo puede” “Con mi amor haré que cambie”
“Es mi media naranja” “Estábamos predestinados a estar juntos”
“Me gusta que mi novio/a sea celoso/a, así me demuestra que me quiere”
“Amar es sufrir” “Soportaré lo que sea por él/ella” “Es un acto de amor”
“Es normal que en una pareja existan sus más y sus menos, tampoco es para tanto” “A cualquier cosa lo llaman maltrato”
“Alguna vez me ha insultado pero yo sé que me quiere” “Hay parejas que su forma de relacionarse es así”


Estas frases lo que nos muestran es una forma de vincularse irreal, controladora basada en los celos, en el sufrimiento y la dependencia en vez de basada en la confianza, la comunicación, el afecto, el buen trato y el respeto mutuo. 
Ed: Mar

dimarts, 17 de gener del 2017

El alumnado del IES Jordi Sant Jordi, unido en defensa de la igualdad



El alumnado del centro en su totalidad, secundaria, bachillerato, ciclos formativos y personal docente se han sumado a una campaña promovida por el alumnado del ciclo de promoción de la igualdad de género, que por primera vez se imparte en el centro. La idea es que desde este ciclo se promuevan acciones reivindicativas, lúdicas, de sensibilización y formativas que favorezcan la igualdad.

El objetivo es que ninguna persona matriculada en el centro tenga conductas machistas y para ello se han propuesto realizar durante todo el año acciones para alcanzar el tan deseado objetivo.





Este es el resultado de una de las actividades, aprovechando los materiales generados en las actividades del primer trimestre, se ha elaborado un vídeo usando como tema de referencia una canción de El Diluvi, “i tu sols tu” que claramente es un homenaje al movimiento feminista.